Volver

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Esa mañana de sábado hacía un sol precioso, de esos que calientan sin quemar. Los rayos del sol naciente se reflejaban en las olas del mar, creando destellos que bailaban en la superficie acuosa, pero ni el más bonito de los paisajes conseguía aplacar esa inquietud velada que dominaba mi cuerpo. Todo iba aparentemente bien, había sido una semana completita y muy divertida, y tenía por delante un fin de semana intensivo de formación de yoga. El café (ese veneno que los yoguis no deberíamos tomar pero cuyo olor siempre me cautiva de buena mañana) estaba en su punto justo. Ni muy fuerte, ni muy dulce. Con dos nubes de leche. Pero mi cuerpo no estaba cómodo y mi mente no disfrutaba del desayuno porque no paraba de volar de un sitio a otro.

Lo curioso es que por un lado no tenía muy claro qué me pasaba, pero por otro la sensación me resultaba familiar. No me di cuenta de lo que pasaba hasta que arranqué el coche y me di cuenta de que en el fondo me sentía culpable. ¿Culpable? Qué absurdo. Si solo llevaba una semana sin pasar por el estudio de yoga. Y como no habíamos parado, tampoco había tenido tiempo de practicar en casa. Mi cuerpo lo sabía, se notaba un poco menos flexible, un poco más agarrotado, un poco menos fluido. Pero la peor era mi mente. Esa mente que no paraba de machacar con perlas como “Una verdadera yogui no deja de practicar nunca”, “seguro que todos están super avanzados y tú solo eres una inconstante”. Y etcétera etcétera.

Llevaba días machacándome sutilmente. Mi mente no gritaba, sino que susurraba de fondo para que yo no me diera cuenta de lo que ocurría, para que se me quitaran las ganas de volver a practicar, pero sin poder echarle la culpa a ella. Y no me di cuenta de su estrategia hasta que estaba al volante, escuchando Sabina y con los ojos entrecerrados por el sol que me pegaba en la cara. En ese momento, me di cuenta de dos cosas… Primero, de que lo importante es volver. Da igual lo lejos que te vayas o lo que hayas tardado . Y segundo, de que a veces hace falta tomar distancia para darte cuenta de qué es lo que realmente necesitas.

 

Porque a veces cuesta volver a casa. Cuesta volver al lugar donde sabes que perteneces, aunque cuando estás fuera te sientes incómoda. Cuesta hacer lo que sabes que mejor te sienta (suena estúpido a más no poder, pero al menos en mi caso así es).  Y cuanto más te alejas del camino, más cuesta desandarlo. Pero a veces el cuerpo de pide marcharte. Contradictorio a más no poder, I know.

Las resistencias humanas son curiosas. A veces, por miedo a cambiar, nos quedamos donde estamos aunque ello nos haga sufrir. Sabemos que podríamos cambiarlo todo con un simple golpe de voluntad, pero nos inventamos todo tipo de excusas y problemas que nos impiden hacer aquello que sabemos mejorará nuestra vida. Por eso digo que lo importante ser consciente de las trampas de tu mente y volver. Siempre volver.

Por eso volví a mi clase de yoga ese sábado por la mañana,  desterrando todo tipo de culpas absurdas y pajas mentales. ¿Y sabes qué? Que dio igual no haber pisado la escuela durante una semana. Y seguramente hubiera dado igual si en lugar de una semana hubieran pasado un par de meses. Porque tanto el cuerpo como tu propio ser identifican -y agradecen- rápidamente ese gesto de cuidado personal. Por suerte no son rencorosos, con lo mal que les tratamos a veces…

Y por eso, al igual que volví a estirarme sobre mi esterilla, vuelvo a escribir por aquí tras una ausencia un poco más larga de lo deseado. Porque lo importante, te ausentes el tiempo que te ausentes, es volver a casa. Despacito y con buena letra. Y no necesariamente a una casa física, sino a lo que tú entiendes por tu hogar. Ya lo decían los del turrón… ;)

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4 Comments

  1. Creo que a todos nos pasa esto alguna vez con algo, incluso alguien, en nuestra vida… en mi caso, ¡me sucede con el swing! Voy y vuelvo, voy y vuelvo… pero lo que tu dices, lo importante es volver siempre, pase el tiempo que pase, si te gusta, vuelve. Porque las personas tenemos esa capacidad de cambiar el chip en segundos y disfrutar de nuevo. Muy buen artículo :)

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    • ¡Gracias guapa! Me gusta eso de cambiar el chip en segundos…me lo voy a apuntar :)

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  2. Hola Paula!

    Cuanta verdad… Me identifico con este post al 100%. Es curioso, para mi todo esto es como meditar, te distraes, crees a tu mente y en el momento en que recuerdas quién eres, en el momento en que vuelves a respirar sabes donde estás. Todo es una práctica.

    Gracias por volver :-)

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    • Hola Ame! Totalmente de acuerdo, una práctica en la que tienes que ser sincera contigo misma :) Yo también quiero que vuelvas, se te echa de menos ;)

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