Sobre amor, relaciones, desapego y un poco de yoga. Mezclado pero no agitado

Sobre amor, relaciones, desapego y un poco de yoga. Mezclado pero no agitado

¿Sabías que el yoga puede ayudarte a tener unas relaciones más sanas? No es que te de una receta mágica, pero sí alguna pista para que vayas abriendo tu camino. Una de las cosas que persigue el yoga es el desapego. Los sabios yoguis decían que cuando nos desapegáramos de los pensamientos, los objetos y las personas nuestra vida se liberaría de sufrimiento. Mira que eran listos.

Este concepto se ha malinterpretado muchas veces y nos hace pensar que los yoguis son personas de barbas largas que viven aislados de los demás, que solo comen cosas que no arrojen sombra y que no hacen más que meditar y meditar. Con lo cual a nosotros, simples mortales, nos cuesta bastante identificarnos con esa imagen desfasada y poco realista de lo que es ser yogui. Es como cuando la gente critica a los ecologistas porque no viven en cuevas y hacen hogueras en el suelo para cocinar. Pero bueno, esa es otra historia.

Volviendo al tema. En realidad el conocimiento y la sabiduría que encierra esta filosofía del yoga nos puede ayudar mucho en el día a día, independientemente de si  lo practicamos o no. Pero seamos realistas, a la hora de aplicar estas teorías a la práctica, surgen las dificultades. No podemos identificarnos con esa imagen santa e irreal de un yogui porque, como seres humanos que somos, estamos apegados a mil historias: a nuestras relaciones, a nuestras rutinas y hábitos, al dinero, al reconocimiento social, a la comida, a nuestros miedos …y un largo etcétera. A cosas que nos hacen mal y a otras que nos hacen bien. Y no imaginamos nuestra vida sin algunas de estas cosas, por muy perjudiciales que sean para nosotros.

¿Pero qué es en realidad el desapego? La forma más sencilla de describirlo es como el proceso de dejar ir. En el caso de las cosas que no nos gustan, es muy fácil entender cómo nos beneficiaría este desapego. Está claro que separarnos de los diez cigarros que nos fumamos cada día, de la bolsa de patatas fritas o de una relación tóxica, por poner algunos ejemplos, nos vendría de perlas. Pero hay otros casos en los que este concepto de desapegarse se vuelve difuso y da lugar a confusión. Por ejemplo, ¿cómo nos desapegamos de nuestros sentimientos? La clave está en no identificarnos con ellos y saber que son estados pasajeros de la mente. Yo no soy mis pensamientos. Y este razonamiento vale para muchas otras cosas, como por ejemplo las posesiones materiales.

Pero creo que uno de los casos más claros en los que el término de desapego no se entiende está en cómo manejamos nuestras relaciones. Y con relaciones no me refiero sólo a la pareja, faltaría más: amigos, familia, compañeros de trabajo, socios y si me apuras hasta conocidos están metidos en el pastel.

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Si partimos de que el desapego en las relaciones es bueno, ¿significa que tengo que separarme de mis seres queridos, dejar de quererlos?¿Ir de tipo o tipa dura, en plan Danny Zuko o Lara Croft?¿Evitaré así el temido sufrimiento, seré más feliz? Para nada. Según los textos yóguicos, el desapego va más allá de dejar ir: es una práctica de no tomar o no tener. No poseer algo.

¿Entiendes por dónde voy, verdad? Aquí entra en juego el concepto de que amar NO es lo mismo que poseer, aunque en nuestra sociedad nos hayan inculcado muchas veces lo contrario. “Soy tuyo y tú eres mío”. Esta frase, que quizá puede sonar romántica de primeras, oculta en su interior un nivel de casposidad interesante (sí, me acabo de inventar esa palabra)

Amar no es poseer, simplemente porque por mucho que nos empeñemos no podemos ser dueños de alguien. Es imposible. Así que creo que aplicar el  desapego en el campo de las relaciones va más por el camino de amar sin poseer que por el de pasar de todo el mundo. Pasar de todo el mundo e ir a tu rollo total (ojo, he dicho total…un poco de pasotismo de vez en cuando mola y es hasta bueno para la salud) no suele funcionar, más que nada porque el ser humano es un ser social que necesita relacionarse con el otro. Que no lo digo yo eh, lo dice la ciencia :D

Así que el desapego en las relaciones se podría simplificar como un querer sin esperar nada a cambio. Es una frase muy típica también, pero parece que ahí está la clave de la felicidad: en desapegarse del resultado de la acción de querer.  Querer sin reservas, sin segundas intenciones, sin una agenda oculta.

Hablando el otro día de este tema, una de mis profes de yoga hizo una reflexión que me pareció muy acertada. Comentaba que nos sentimos muy bien cuando intentamos seguir estos principios y dejar libres a las personas que queremos, cuando en realidad no estamos haciendo nada nuevo…todos nacemos libres. Y es cierto, si abordas tus relaciones con esta actitud, simplemente estás dejando que el orden natural de la vida siga su curso. Esa persona nació libre. Tú naciste libre. ¿Dónde está la proeza entonces?

Pero en el fondo, creo que sí que estamos realizando algo digno de cierta admiración. La proeza no es querer a alguien sin controlarle o manipularle, pues eso debería ser lo natural (y digo “debería” porque obviamente el panorama actual dista bastante de esa situación ideal). La proeza desde mi punto de vista es identificar el condicionamiento social que nos hace comportarnos así, reconocer que no es nuestro e intentar salirnos de ahí, si es posible pitando.  Think outside the box, como decían en los 70. Porque si aspiramos a una vida mejor, llena de amor y libertad al mismo tiempo (qué bien suena, ¿no?), lo normal es que una vez que nos demos cuenta de esta trampa, queramos salir por patas.  “Una vez que eres consciente no puedes ser indiferente”. No recuerdo dónde leí esa frase pero me impactó mucho, y desde entonces me viene a la cabeza a menudo.

Lo ideal sería tener la receta mágica para querer sin desapego, pero me temo que eso sería tema para un libro entero. O para una enciclopedia como esas que teníamos antes en casa, de veinte tomos. La Espasa Calpe del amor.  Y fijo que el que lo escribiera se haría de oro. Pero de momento, mientras esperamos a que alguien descubra la fórmula de la Coca Cola, nos conformamos con hacerlo lo mejor que podamos.

Y tú, ¿has abierto los ojos ya? ¿has aprendido a querer sin reservas? ¡Cuéntanos cómo!

Y ya sabes, si crees que hay alguien que apreciaría esto del amor (bien) libre  y (bien) desapegado…pásale este artículo. Cuantos más seamos…¡mejor!

 

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1 Comment

  1. Me encanta, Paula, por mí puedes seguir escribiendo estas cosas (que no me parecen nada raras, por suerte). Estoy de acuerdo en que nacemos con infinitas virtudes/posibilidades y que después las perdemos por acción de la educación (o domesticación), de la sociedad, de las buenas intenciones de otros,… Por eso estoy aún más de acuerdo contigo en que es una proeza y además una suerte despertar a estas ideas, sea a la primera o a la octava vez que te las encuentras (hay entrenamientos mentales duros de desarmar).

    A mí el yoga me está ayudando a esto entre muchas otras cosas, pero reconozco que cuando no practico (como últimamente) caigo más fácilmente en las viejas costumbres…

    Hace años tuve un clic literal en mi cabeza en una conversación sobre la diferencia entre necesitar a alguien y querer sin más. Parece obvio y hasta puede resultar tonto, pero horas después tuve la sensación de que se abría una puerta en mi cabeza y de verdad sonó a algo completamente diferente y profundo… Son puntos de inflexión que te marcan para siempre.

    Gracias por este post :-)

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