Mujer, hay una cosa (o dos) que te quiero decir

Mujer, hay una cosa (o dos) que te quiero decir

Tú y yo sabemos que en realidad todos los días son nuestro día, aunque muchas veces no nos lo creamos ni nosotras. Tú y yo sabemos que todos los 8 de marzo, Día de la Mujer, se tiñen de celebración cuando en realidad deberían ser motivo de rabia y de tristeza. De tristeza por todas aquellas mujeres que aún son mutiladas, maltratadas, ninguneadas y despreciadas solo por haber nacido como son. Tristeza porque algunas hermanas, desconectadas de su sabiduría salvaje y primaria, tiran piedras contra su propio tejado. Y rabia, rabia porque días como hoy aún hagan falta, rabia porque haya personas que no entiendan esto, rabia porque las marcas aprovechen para hacerse publicidad.

Pero también es un día de agradecimiento. Agradecimiento a todas las mujeres que lucharon y que incluso dieron su vida para conseguir los derechos que ahora nos parecen tan evidentes. Y de agradecimiento, también, a los hombres que nos ven, admiran y quieren tal cual somos, porque sin ellos nada sería igual.

Todo eso ya lo sabes. Pero hay algunas cosas que creo que debería recordarte. Se que las sientes en lo profundo de tu ser, pero también se que están ahogadas por miles de capas que hay que ir eliminando poco a poco. Y por si no fuera bastante, parece que estas cosas se te olvidan en las situaciones más cotidianas de tu día a día. Se te olvidan cuando sales a trabajar por las mañanas. Cuando te pones un bikini. Cuando cuidas de tus pequeños. Cuando haces el amor.

Así que quiero recordarte, por ejemplo, que el cuerpo que habitas es un puto milagro de la naturaleza. ¿Te he dicho ya que eres perfecta y suficiente tal cual eres? No necesitas las últimas cremas del mercado, ni ningún tratamiento adelgazante/blanqueador/reafirmante/reductor/deshollinador.  Y si los utilizas, que sea por puro placer, por regalarte momentos de bienestar, por complacer a tu diosa interna. Pero por miedo no, por favor. Menos reafirmantes y más reafirmarte.

Porque en el fondo sabes que ni tu cuerpo ni el mío fueron creado para su deleite visual, ni para satisfacer sus fantasías. O al menos, no solo para eso. Tu cuerpo no fue creado a imagen y semejanza del suyo, ni mucho menos de su costilla. No hemos salido de un restaurante yanqui, ni estamos hechas para ser marinadas con salsa barbacoa y miel, gracias. Nuestro cuerpo no fue creado para medirlo y pesarlo como un trozo de carne. Nuestro dulzor proviene de otra parte, de una miel mucho más auténtica.

Dia de la Mujer

Nuestros cuerpos son nuestro instrumento y nuestro más fiel seguidor. Nuestros cuerpos albergan el potencial creativo del Universo, porque están hechos del mismo material que éste. Esa preciosa frase que dice que estamos hechos de polvo de estrellas está en lo cierto, más allá de su significado poético. Nuestros cuerpos son una bendición, una serendipia hecha átomos, un pozo de sabiduría cósmica. Cada cicatriz, cada grieta, cada curva y cada estría cuentan historias al oído sobre nuestro camino, nuestra valentía, nuestros disfrutes y nuestras aventuras.

Por eso no entiendo que a veces nos empeñemos en olvidar que nuestro cuerpo no fue creado para caber en ningún molde, talla o color. Ni para rodearse de cinta métrica. Ni para parir atadas a una camilla. Ni para adornar una valla publicitaria. Nuestro cuerpo no es una prisión, no se le puede castigar por ser como es, no se le puede domar, ni editar, ni falsificar.

DiaMujer

Nada más lejos de la realidad. Nuestro cuerpo está hecho para nadar en el mar, para andar descalzas, para bailar, para correr. Nuestro cuerpo está hecho para crear, ya sea nueva vida o la vida que deseamos. Nuestro cuerpo está diseñado para dar cobijo a nuestro ser, y no al contrario. Está hecho para reír, para llorar, para ser escuchado. Nuestro cuerpo es sabio y recuerda cosas que nosotras hemos olvidado.  Nuestro cuerpo recuerda a la Mujer Salvaje, a la que todas pertenecemos.

“La Mujer Salvaje reside en las entrañas, no en la cabeza. Ella es el alma femenina. Ella es la voz que dice: “Por aquí, por aquí.” Ella es quien levanta estruendos contra la injusticia. Ella es por quien abandonamos el hogar para buscarla. Ella es a quien regresamos a casa. Ella es lo que nos mantiene en marcha cuando pensamos que ya estamos vencidas. Unirse a la naturaleza instintiva no significa desatarse. No significa perder las socializaciones primarias propias o volverse menos humana. Significa todo lo contrario. La naturaleza salvaje contiene una vasta integridad en sí misma.  Significa establecer territorio, encontrar la propia manada, estar en el propio cuerpo con certeza y orgullo, independientemente de los dones y las limitaciones del cuerpo, estar consciente, alerta, recurrir a los poderes femeninos innatos de intuición y percepción, reconocer los propios ciclos, encontrar a lo que una pertenece, erguirse con dignidad, retener tanta consciencia como se pueda” (Clarissa Pinkola Estés, Mujeres que corren con los lobos)

Y qué decir de nuestra mente. Un hombre muy sabio dijo una vez que la mujer es dieciséis veces más potente e intuitiva que el hombre. Por tanto, añadía dicho sabio, su capacidad de elevarse o de destruirse es también dieciséis veces mayor. Todo depende de cómo empleemos nuestros dones. ¿Por qué queremos entonces imitar a nuestros compañeros? Nuestro poder viene de reconocer precisamente que somos mujeres, no hombres en cuerpos de mujer. Ni mejores ni peores, simplemente diferentes:

“La mujer que camina con su gracia y su esplendor no requiere introducción. No necesitamos pronunciar una sola palabra para ser reconocidas, o para que los demás nos muestren la reverencia, la confianza y la comprensión que merecemos. Solo con su sonrisa, la mujer puede sanar y transformar todo lo que la rodea. Nuestra fuerza y nuestro poder provienen de manifestarnos como realmente somos. Soy una mujer. Cuando somos conscientes de esto, destacamos, sobresalimos” (Pritpal Kaur Khalsa)

 

Dia de la Mujer Trabajadora

A menudo se dice que el estado de una nación se refleja en el rostro de sus mujeres. Y ese hombre sabio del que hablábamos antes decía que, hasta que los hombres del mundo no respeten a las mujeres, no habrá paz en el planeta. Así que, mientras caminamos hacia un nuevo mundo en el que los 8 de marzo sean motivo de celebración por no ser necesarios, te pido que te grabes a fuego todo lo que te he recordado. Que digas que eres mujer con la boca grande, el pecho amplio y la barbilla bien alta. Que luches, que ames y que vivas como la mujer libre, poderosa y divina que eres. Y si todo falla y te vuelve a entrar la amnesia, recuerda solo una frase: estamos hechas de polvo de estrellas.

Imágenes: 1, 2, 3,4

 

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2 Comments

  1. Me ha encantado tu reflexión! 100% de acuerdo!! : )

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    • ¡Me alegro mucho, Ana! Que cada vez seamos más mujeres despiertas y felices <3 Un abrazo

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