La meditación, la paz interior y el equilibrio

La meditación, la paz interior y el equilibrio

Va a sonar un poco a autoboicot si comienzo este artículo afirmando que meditar no sirve de mucho ¿verdad? Y quizás incluso Paula me quiera pegar una colleja después del tiempo que dedica ella a meditar y a preparar estos preciosos Retos de Meditación a los que muchos os habéis apuntado.

Yo misma llevo meditando más de diez años, también ofrezco en mi web un curso de un año de meditación y he guiado decenas de prácticas. Entonces, ¿cómo puedo decir algo así: que la meditación no sirve de mucho?

Permíteme explicarme, seguro que conoces a alguien que tiene un problema de comportamiento y dice ”el primer paso es reconocerlo”, y yo digo: vale ¿y cuál es el siguiente? Porque reconocer que tienes ciertas actitudes que provocan sufrimiento (ya sea en otros o en ti mismo) y no hacer nada al respecto, pues no es de mucha ayuda…

Según la perspectiva budista, que es la que yo sigo, la meditación es ese primer paso: es la herramienta que te ayuda a observar tu mente, tus pensamientos, tu agitación, tu cháchara mental, tus impulsos, tus inercias, tu visión sobre el mundo, sobre los demás, tu interpretación de los acontecimientos…

La meditación te muestra de manera inequívoca las emociones que se despiertan frente a la observación de la mente inquieta y empiezas a ver cosas que no sabías sobre ti, a reconocer situaciones que juzgas como buenas, otras que juzgas como malas y también reconoces que juzgas las cosas como buenas y malas basadas en perspectivas aprendidas y absolutamente subjetivas.

Pues lo mismo del ejemplo anterior ¿y ahora qué?

Muchas personas dejan de meditar una vez han visto cosas que no les gustan, o cosas que creen no poder cambiar, muchos meditadores después de dos meses de práctica encuentran un pequeño valle de serenidad, se apegan a la sensación de calma y luego, cuando llega ”la realidad ahí fuera” no entienden por qué esa paz y ese equilibrio que han conseguido en esos 10 ó 15 minutos de meditación no se mantiene todo el día. Aquí hay un gran riesgo de alimentar el ego espiritual.

Creo que ahora entiendes por qué digo que la meditación no es la solución a ninguno de nuestros problemas. La meditación es una herramienta de observación. Ahora bien, es verdad que para nosotros, los occidentales, lo que nos puede llamar más la atención es la posibilidad de tener un momento para nosotros mismos, unos minutos de parar el mundo, una reconexión con el momento presente y, oye, ¡que eso está muy bien también!

Podemos usar la práctica meditativa como quien se toma una taza de té en silencio al final del día, misma idea, mismo resultado. O podemos usar la práctica de la meditación para transformar el modo en el que vemos la ”realidad ahi fuera” y que, ocurra lo que ocurra a nuestro alrededor, desarrollemos un ancla, un soporte interno de calma que nos permita ver las cosas con perspectiva.

Abandonamos la idea de bien y mal, de correcto e incorrecto y vemos simplemente las cosas por lo que son: acontecimientos que aparecen y desaparecen, apoyados por causas previas y condiciones cooperantes donde tenemos una capacidad de acción limitada y que, al final, terminarán para dar lugar a la siguiente experiencia. Y ahí reside una de las palabras clave en la comprensión que nos da la meditación: la experiencia.

Cada uno vivimos las experiencias de un modo diferente. ¿Eso por qué es? Porque la experiencia está en nuestra mente (y esto te lo confirmará un budista, un psicólogo y un físico). Nada de lo que hay ahí fuera es la experiencia. Ahí fuera están las situaciones que aparecen, mutan y desaparecen. El desequilibrio, la ansiedad, la falta de calma, el estrés, el enfado… también la esperanza, la alegría, el gozo y la tranquilidad… todo son experiencias y esas, están en la mente.

 

Es por eso que la meditación no es la solución si no la herramienta. Es sólo el primer paso.

 

Conocer nuestra mente es el primer paso para desapegarnos de las situaciones ahí fuera y ver la experiencia que ocurre únicamente dentro. Gracias a la práctica de la meditación y a una determinación inequívoca por responsabilizarnos de nuestras emociones conseguimos soltar los apegos y las expectativas, las aversiones y los miedos. Dejamos de culpar el mundo ahí fuera o darnos cientos de razones por las que somos/hacemos lo que sea.

La causa de nuestra desazón, de nuestro estrés, de nuestra falta de equilibrio es, sobretodo, el creer que el mundo ahí fuera es el responsable. No necesitas que las circunstancias cambien, necesitas entender que las circunstancias son sólo eso: situaciones que aparecen, mutan y desaparecen. Los objetos, las relaciones, las personas, nuestro cuerpo: todo es impermanente y sin identidad propia, todo está relacionado con un gran movimiento constante de cambio del que no somos del todo conscientes.

Aceptar que el sufrimiento viene de dentro, para una mente occidental, suena a reconocer la culpa y creo que es ahí donde muchos meditadores se bloquean, se cansan, se agobian… la palabra culpa en si misma no significa nada más que lo que tú quieres que signifique. A mi me gusta más usar la palabra responsabilidad, que pesa menos.

Saber que yo tengo la responsabilidad de mis actos, mis emociones y mis reacciones me libera.

La meditación me ayuda a ver donde están esos miedos, qué expectativas tengo puestas en otros, en el trabajo, en mi pareja, en el mundo… ahí reside la causa de mis sufrimiento y desde ahí me puedo liberar.

Los miedos y los juicios son aprendizajes y, como todo, aparecieron en cierto momento, mutaron a lo largo de mi vida y si creo las causas necesarias llegarán a desaparecer.

Te animo a que uses la meditación como herramienta, no como solución (porque no va a funcionar a la larga) y que practiques a menudo.

Conocer la meditación (y en mi caso particular el Budismo) ha sido lo mejor que me ha pasado en la vida, y te aseguro que una oportunidad así, una oportunidad donde puedo de verdad responsabilizarme de mi sufrimiento y liberarme de él, no quiero tomarla como un té en silencio al final del día.

Espero que estas palabras te animen, te den fuerza, es un trabajo que dura toda la vida, pero igual que comes y duermes todos los días, la meditación puede convertirse en algo que consideres absolutamente necesario. Depende de tí y nunca es tarde.

 

Lourdes Pérez

 

Suscripcion_entradas_minimal

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...

4 Comments

  1. Mis emociones y mi cabecita loca a veces de desbarata pero desde hace unos meses estoy trabajando mucho en construir ese ancla que me devuelva la calma, ese espacio en mi cabeza que me recuerde lo que de verdad es importante.

    Aún no medito de la forma habitual pero sí observo pensamientos. Antes ni sabía que estaban ahí! Mientras doy un paseo, cuando salgo a correr. Elimino el ruido y me centro en mí, en lo verdaderamente importante. Y qué bien sienta!

    Gracias chicas por enseñarnos tanto.
    Anabel.

    Reply
    • Anabel, el camino se hace pasito a pasito y que hayas empezado a ser consciente de tus pensamientos ya es una buenísima señal. Yo también estoy en esa andadura, voy despacito pero pisando firme. Me encanta que seamos compañeras de camino ;-) ¡Gracias a tí por estar siempre al otro lado! Un abrazote

      Reply
  2. Me encantó el artículo, muy bueno.
    Gracias por compartir!
    Vale

    Reply
    • Hola Vale, me alegro de que te haya gustado! Gracias a tí por estar al otro lado :-)

      Reply

Submit a Comment

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *