5 lecciones para la vida que aprendí en mi esterilla de yoga

5 lecciones para la vida que aprendí en mi esterilla de yoga

Tras volver de un retiro de casi una semana, que culmina dos años de formación para ser profe de Kundalini yoga, tocaba hablar de yoga sí o sí (te contaré más sobre mi experiencia personal en este retiro en la próxima newsletter). Pero si nunca has practicado esta milenaria disciplina no te asustes, lo que te voy a contar te hará como mínimo reflexionar…

Si llevas un tiempo practicando yoga, seguro que te has dado cuenta de que sus beneficios se extienden más allá de las paredes de la clase. Y no me estoy refiriendo a las ventajas físicas, como el aumento de la fuerza y la flexibilidad y una mejora de la salud en general, sino a otros menos obvios…Y es que los cambios de actitud, la ruptura de patrones inservibles o la superación de miedos son algunos de los efectos secundarios deseables que se pueden experimentar cuando practicas yoga de forma regular. Un día te levantas y, de golpe y plumazo, lo que te aterraba ayer ni te inmuta. O de repente comprendes mejor a esa persona con la que te sentías dolida por “eso” tan grave que te hizo. O quizá sientas un fuego interior que te anima a hacer esa llamada que llevabas postergando meses…

No me gusta generalizar porque la experiencia de cada practicante es única e inigualable, pero sí quiero compartir contigo cinco lecciones de vida que yo he aprendido en mi práctica personal. Suena fuerte eso de “lecciones de vida”, pero tú ya me entiendes…¡Allá van!

 

1. Respira

Todo se hace mejor, más agradable y más suave cuando respiramos correctamente. Tanto una postura complicada como el día a día fuera de la esterilla. No tiene más misterio,  y a la vez es el mayor enigma del mundo. Como ya he dicho alguna vez, respira tu vida y todo irá un poquito mejor. Hasta el día más mierder. Asegurado.

2. Concéntrate en lo tuyo y deja de compararte con los demás.

Uno de los principales miedos de los yoguis novatos es el de hacer el ridículo. Les entiendo perfectamente, pero cuando veo a alguien dudar si venir o no a clase por eso, siempre le digo lo mismo: no te preocupes, los demás están demasiado pendientes de sí mismos como para preocuparse por lo que está pasando en la esterilla de al lado. Hay muchas cosas de las que la gente está pendiente antes de fijarse en lo supuestamente torpe que eres: en que el ángulo de la pierna sea el correcto, en mantener el equilibrio para no estamparse la cara contra el suelo, en respirar profundo para aguantar mejor el asana, en que los movimientos de brazos y piernas estén coordinados…Y si ya llevan un tiempo practicando y meditan durante los ejercicios…¡probablemente ni se den cuenta de que tienen a alguien al lado! Y como pasa en el yoga, pasa en la vida “normal”: la gente suele estar más preocupada de qué pensarán los demás de ellos y de cómo hacerlo todo funcionar que de lo que tú haces o de las pintas que tienes. Quizá suene duro o exagerado, pero es la realidad. Así que  “fíjate en lo que ocurre en tu esterilla”, deja de compararte y ocúpate de lo tuyo!

         “Una flor no compite con otra flor, simplemente florece” (Autoría desconocida)

3. Busca el progreso, no la perfección.

Esta es una de las claves de la práctica de yoga, que se llama práctica por algo: nunca llegas a la meta. Nuestro cuerpo, nuestro nivel de energía y nuestro humor fluctúa prácticamente a diario, por lo que nunca sabes lo que te vas a encontrar hasta que no estás metida en el meollo. Lo mismo pasa en el día a día, ¿verdad? Si te apetece, prueba a empezar cada nuevo día con la mirada abierta y con esa sensación de “todo puede pasar y estoy abierta a ello” presente. Destierra las expectativas rígidas sobre cómo debería ser esto o aquello, y busca mejorar pasito a pasito, pero sin obsesionarte ni comprometer tu salud. Justo como en la esterilla.

4. Encuentra el equilibrio entre fuerza y suavidad.

Esta es mi favorita, y hasta tiene un nombre en sánskrito: sthira sukha. Sthira significa fuerza, presencia, firmeza y Sukha es el término para designar un estado de bienestar, espacio, suavidad. Ambas actitudes son fundamentales para profundizar en cualquier postura de yoga, al igual que en la vida. Piensa en algún desafío que esté presente en tu día a día. ¿Cómo podrías afrontarlo de forma flexible sin perder tu firmeza?¿Puedes ser fuerte pero a la vez dulce?¿Puedes relajarte lo suficiente como para fluir en cualquier situación? Estas dos palabritas encierran mucha más miga de lo que parece ;-)

5. La clave está en estar presente.

Todos hemos tenido la típica clase de yoga en la que estás haciendo como que meditas mientras piensas en los macarrones que te vas a zampar después, en ese proyecto que tienes pendiente, en la última conversación que has tenido con tu mejor amiga…No pasa nada, porque es lo más humano que hay, pero seguramente te hayas dado cuenta de que cuando estás consciente y presente, cualquier cosa funciona mejor. Las situaciones agradables se disfrutan mucho más y las no tan agradables se solucionan mejor. Prueba a practicar esta presencia siempre que puedas: cuando acaricies a tu mascota, cuando prepares la comida, cuando estés en una conversación…Esto implica dejar de lado las distracciones innecesarias, y sí, eso incluye móviles y conexiones a internet en momentos poco oportunos. Yo estoy trabajando en ello, ¿te apuntas?

Como siempre, me encantaría conocer tu experiencia. ¿Practicas yoga y/o meditación? ¿Qué enseñanzas aprendidas en tu esterilla pones en práctica en tu vida? ¡Te espero en los comentarios!

 

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2 Comments

  1. Mi relación con el yoga nunca ha sido ‘estable’ pero con lo poquito que he practicado ya he sentido esos beneficios de los que hablas. Me sentía mucho mejor, más ágil con mucha más fuerza pero sobre todo en calma. Jamás le había prestado atención a la respiración.

    No era consciente de que a lo largo del día se alborotaba mil veces pero gracias al yoga recuperé la suave respiración de un bebe. Ahora, hace tiempo que no practico pero sé que después de nuestra cita en Marruecos, todo cambiará y lograré integrar la práctica de yoga en mi rutina.

    Te mando un abrazo,

    Anabel.

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  2. Llevo menos de un año haciendo yoga, y no siempre de manera regular, aunque ahora sí llevo como 3 meses seguidos… lo empecé a hacer por dolores de espalda y ahora, no pasa un día sin que por lo menos tenga mi cuarto de hora.
    Me ayuda a respirar, a ser consciente de mi cuerpo, del momento y me da paz.
    Me siento suuuuper agradecida por haberlo empezado a practicar, y junto a la meditación, están haciendo magia en mi proceso de cambio!!
    Qué pena no.poder ir con vosotras a vuestro retiro!
    Y como véis…me enrollo como las persianas jajajaja
    Mil besos.

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